Estela Meléndez, una anciana de 91 años, recibió la peor de las noticias después de hacerse una radiografía por una lesión menor: tenía un tumor. Sin embargo, una segunda radiografía reveló que el problema era algo muchísimo más insólito. 

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La anciana, residente en La Boca, Chile, contó en la entrevista a CNN que puede verse en el vídeo abajo cómo se había caído, lesionándose el codo. Lo que los médicos de la clínica de la localidad le dijeron al principio no fue nada alentador. Creían que Meléndez tenía un tumor y que sería necesario operar. No obstante, la segunda radiografía que le realizaron en la clínica para confirmar el diagnóstico de un tumor no pudo haber dejado a los médicos más estupefactos. Se trataba de un feto calcificado, que Meléndez había tenido dentro de su cuerpo durante más de 6 décadas. No obstante, la artritis y cierta dificultad en el oído son realmente el único motivo de queja que Meléndez tiene respecto a su estado de salud. 

Señalándose el estómago, la anciana comenta ante las cámaras de CNN, "Tengo el bulto aquí", añadiendo que a pesar de ser doloroso de vez en cuando, no pasa de ser un "bulto incómodo". Los médicos no son los únicos que apenas pueden creerse la situación de Meléndez. En el reportaje de CNN, Luis Meléndez, sobrino de la anciana, comenta con cara de estupefacción, "¡Imagínese! Más de 60 años [...], me pregunto cómo nunca se sintió mal una vez que el feto murió dentro de ella...". Con la medicina moderna, los fetos calcificados son mucho más fáciles de detectar y, probablemente, cada vez serán más y más raros, y mucho más raros serán los casos de pacientes que pasen años sin que les detecten una ocurrencia similar. De hecho, Doctor's Review hace notar que sólo hay otro caso conocido de una mujer que tuviera dentro un feto calcificado casi tanto tiempo como Estela Meléndez, la marroquí Zahra Aboutalib, de alrededor de 70 años y a la que, en 2001, le estirparon un feto calcificado de alrededor de 3 kilos. 

La rara ocurrencia que es el feto calcificado y que ha estado en el interior del cuerpo de Estela Meléndez durante más de seis décadas se denomina lithopaedion, un término médico que proviene de las palabras griegas para "piedra" ("lithos") y "niño" ("paidion"). El primero en documentar uno de estos casos fue el médico hispano-árabe Albucasis en el siglo X, pero diversos estudios en el siglo XX han encontrado pruebas de lithopaedion con más de 3000 años de antigüedad. 

Tal y como describen en Doctor's Review, los "bebés de piedra" son entonces una posible pero muy rara consecuencia de los embarazos ectópicos que, ya de por sí, ocurren sólo entre una y dos veces de cada cien embarazos. Un embarazo ectópico consiste en un embarazo que se da fuera del útero de la madre, pero que dicho embarazo epctópico acabe generando un "bebé de piedra" sólo ocurre en un 1,5-1,8% de los casos. Normalmente, el 95% de los embarazos extra-uterinos acaba implantándose en las trompas de falopio pero, si esto no ocurre y el feto acaba por adherirse al abdomen, entonces resulta imposible que sobreviva en dichas condiciones, Doctor's Review continúa explicando

Cuando el feto ectópico fallece, si es lo suficientemente pequeño es absorbido por el cuerpo de la madre. No obstante, si el feto es demasiado grande como para que el cuerpo de la madre sea capaz de reabsorberlo, es cuando se genera el lithopaedion, que puede ocurrir a partir de las 14 semanas de gestación, como explican en Radiopaedia. El cuerpo de la madre entenderá el feto como un cuerpo extraño del que es necesario defenderse, por lo que lo recubrirá de una sustancia cálcica que, literalmente, va convirtiendo al feto en una momia de piedra que ya no supone una fuente potencial de infecciones. 

Al acabar momificados, los lithopaedion no suponen un verdadero riesgo para la madre, por lo que pueden permanecer dentro de ella durante mucho tiempo sin provocar ningún problema. Normalmente los médicos intentarán estirpar quirúrgicamente los lithopaedion que detectan y, de hecho, ésta era su opción inicial en el caso de Estela Meléndez pero, finalmente, decidieron que operar a una mujer de 91 años suponía un riesgo mucho mayor que el feto calcificado en sí. 

Aunque, tal y como hace notar el Washington Post, se han dado casos en los que madres con un lithopaedion en el abdomen han llegado a dar a luz a otros bebés sanos, el hecho de que el lithopaedion de casi dos kilos de Estela Meléndez ocurriera en su útero y no en su abdomen hizo que nunca fuera capaz de dar a luz a otros hijos. Así, el feto calcificado de Estela casi le resulta una bendición, ya que le recuerda no sólo a su difunto marido, Manuel González, que falleció en enero de 2015 y con el que estuvo casada durante 75 años, sino que también le recuerda el sueño que habían tenido juntos de tener hijos.