A veces estamos demasiado ensimismados en nuestras propias vidas como para siquiera darnos cuenta de que otras personas están intentando ayudarnos. Para esta mujer, ello acaba convirtiéndose en un vergonzoso error. Aunque sea una historia de ficción, disfrutamos mucho leyéndola. 

Publicidad
Una mujer estaba esperando el autobús. Cuando éste llegó y era su turno para subir, se dio cuenta de que su falda era demasiado ajustada como para permitirle subir el primer escalón del autobús. 

Un poco avergonzada, y sonriendo tímidamente al conductor, se bajó un poco la cremallera, alcanzándola sin mirar y pensando que eso le permitiría por fin subir la pierna. 

Lo intentó, pero sólo para descubrir que aún no podía subir el escalón. 

Así, todavía más avergonzada, volvió a tantear por detrás para bajarse la cremallera todavía un poco más. 

Una vez más, aunque no podía creérselo, no pudo levantar la pierna. 

Sonriendo de nuevo al conductor, volvió a tomar la cremallera para bajarla un poco más, pero siguió sin ser capaz de subir el escalón. 

Esta vez, el gigantón que estaba detrás de ella en la cola simplemente la tomó por la cintura y, con cuidado, la subió al autobús. 

La mujer no se esperaba esto, y se indignó muchísimo. Se dio la vuelta para enfrentarse al hombre que acababa de ponerle las manos encima. 

"¡Cómo se atreve a tocarme! ¡Ni siquiera le conozco!". 

El hombre sonrió y dijo,

"Bueno, señora, normalmente estaría de acuerdo con usted, pero después de que me bajase la bragueta tres veces, pensé que éramos amigos". 
__________________________________________________________________