¡Abajo aparece una historia de ficción que ilustra cómo tu cerebro no tiene por qué ir más despacio al hacerte mayor!


Ron, un anciano en Florida, ha sido el dueño de una gran granja durante años. Tiene un estanque grande en la parte de atrás. Era adecuado para nadar, así que lo adornó con unas cuantas mesas, unos cuantas flores y naranjos y limoneros. 
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Una noche, el viejo granjero decidió ir a la parte de atrás a echar un vistazo al lago, ya que no había estado en esa zona de la propiedad durante un tiempo. Agarró un cubo bien grande para recolectar algo de fruta. Según se acercaba a la laguna, empezó a escuchar voces gritando y riéndose sin parar. 

Al acercarse, vio un montón de chicas bañándose sin ropa en su laguna. Dio a conocer su presencia y todas ellas se alejaron hacia lo hondo de la laguna. Una de las mujeres le gritó, "¡No pensamos salir hasta que se vaya!". 

Ron frunció el ceño, "No he venido hasta aquí para verlas bañarse desnudas, señoritas". 

Ron levantó el cubo y dijo, "He venido a dar de comer al caimán". 

¡Algunos ancianos son muy rápidos de mente!

Si les pareció que esta historia da para echarse unas risas, ¡asegúrense de compartirlo con sus amigos!