Ser capaz de expresar tantísimas emociones, sin decir una sola palabra y únicamente con tu cuerpo es un don del que muy poca gente en el mundo es capaz de presumir. Un hermosísimo ejemplo de esta rara habilidad aparece en el vídeo abajo, que muestra al bailarín de ballet Sergei Polunin interpretando "Take me to church", de Hozier, en una suerte de granero completamente vacío y pintado de blanco. La luz que penetra a través de los grandes ventanales para caer sobre el bailarín, ataviado únicamente con unas mallas de color carne, sólo añade más espiritualidad al momento, grabado magistralmente por el aclamado y premiado director y fotógrafo David LaChapelle. 

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El vídeo, publicado en febrero de este mismo año, se volvió rápidamente viral, habiendo alcanzado en la actualidad más de 13 millones de reproducciones.  No muchos bailarines de ballet pueden presumir de haber sido capaces de hacer del ballet un fenómeno viral de semejantes magnitudes. En una entrevista con Variety, Polunin especula que el sentimiento puesto en la interpretación puede ser parte de tal éxito: "Había muchísimas emociones durante el baile mientras lo estaba interpretando, así que quizá la gente sintió esa emoción y esa energía. [...] Eso no se puede fingir. Así que quizá a la gente le guste porque es tan real, y es algo positivo y bueno". Tantas emociones, de hecho, que parece que Polunin estaba de hecho combatiendo contra varios de sus demonios pasados y, finalmente, saliendo triunfal de dicha batalla. 

Sergei Polunin, ahora de 25 años, es un bailarín de ballet de origen ucraniano. Habiendo empezado a entrenar en ballet clásico con la prestigiosa escuela británica Royal Ballet a la edad de 13 años, su talento le ganó el puesto de bailarín principal a la edad de 19 años, siendo el primero en conseguir una hazaña semejante a una edad tan temprana. Su perfil en la Royal Opera House lista todos los numerosos premios que Polunin había ganado y entre los que se incluyen una nominación  al premio al mejor bailarín masculino en los National Dance Awards británicos de 2014.  

No obstante, Polunin dejó a los amantes del ballet en estado de shock cuando dimitió de la Royal Ballet a la edad de 22 años y en el pináculo de su carrera. Después de muchos rumores, entre los que se encontraban rumores acerca de drogas y comentarios suspicaces acerca de los tatuajes con los que Polunin cubre su cuerpo, así como muchos lamentos por parte de los críticos del ballet acerca de la pérdida de un talento tan espectacular, el bailarín decidió hablar, y explicar su repentino abandono de la prestigiosa escuela de ballet británica en una entrevista con el Telegraph. Polunin parecía sugerir que, habiendo sido forzado por su madre a entrenar como bailarín de ballet, nunca se le dio la opción de elegir qué camino quería tomar. Otra de las grandes quejas de Polunin era cómo la Royal Ballet no deja a sus bailarines convertirse en adultos, siendo tratados como niños. "Te cuidan, te dicen lo que tienes que hacer", dijo Polunin de la escuela de ballet clásico al Telegraph. Esto pareció generar varios conflictos internos y una extraña relación de Polunin con su propio "prodigioso talento", como sugiere The Guardian. La falta de reconocimiento que Polunin tanto ansiaba y que dice que en Rusia sí se les da a los bailarines de ballet, así como la soledad y el aislamiento sentido al estar tan lejos de su propia familia son dos de los otros dos grandes factores que Polunin cita como las causas de su abandono de la Royal Ballet. 

Después de meses de desesperación y confusión, Polunin se topó con el que se convertiría su mentor y parte de su salvación, Igor Zelensky, el director artístico del Stanislavsky Music Theatre en Moscú, del que Polunin es hoy día uno de los bailarines principales, así como también forma parte del Novosibirsk State Academic Opera and Ballet Theatre (Novosibirsk) en Rusia. Así mismo, también ha acabado por volver a bailar para la Royal Ballet, del que dijo al Telegraph echar de menos su repertorio. "A veces pienso, oh, no debería haberme ido. Todas estas cosas increíbles que podría haber hecho. Pero a veces para crear algo nuevo, para avanzar, tienes que hacer algo así", explicó. 

Tal y como Zelensky también explicó al Telegraph, lo que Polunin necesitaba era apoyo y comprensión, algo que obtuvo por parte de Zelensky, él mismo también una estrella del ballet clásico. La presencia e influencia de este amigo y mentor no es lo único que devolvió a Polunin su pasión por el baile. Variety narra cómo la interpretación en el vídeo abajo iba a ser la última vez que Polunin bailaría. Sin embargo, la influencia de Gabrielle Tana y David LaChapelle, productora y director del vídeo respectivamente, hizo cambiar de idea al talentoso bailarín: "Había decidido dejarlo y se suponía que la pieza de David LaChapelle sería mi último baile. Pero bailando esta pieza, y gracias a la influencia de Gabby y David, me di cuenta de que me encanta bailar. Son tan geniales e influyentes, y les encanta el baile, así que me dije 'Puede que sea algo a lo que deba retornar'", contó Polunin a Variety. 

Aunque admitió al Telegraph seguir sintiéndose solo en el mundo, parece que el niño al que la Royal Ballet no dejaba crecer se ha convertido en el bailarín que quería llegar a ser. "Aquí he crecido definitivamente como un artista que tiene que pensar por sí mismo", dijo Polunin al Telegraph. De hecho, parece que Polunin no sólo está pensando como artista, sino también desarrollándose como tal. Por si su decisión de cambiar el ballet clásico por el ballet contemporáneo con la que es su pareja tanto dentro como fuera del escenario, Natalia Osipova, no hubiera sorprendido suficientemente a los aficionados al ballet, Polunin anuncia ahora su interés por convertirse en actor. Y ya ha comenzado a dar los primeros pasos de ese camino. Es el protagonista de Dancer, un documental sobre su propia vida dirigido por el ganador de un Oscar Steve Cantor y en el que también ha contribuido David LaChapelle. El documental, que aparecerá en 2016, recorre los altibajos sufridos por esta estrella del ballet, poseedora de un talento y un virtuosismo que a veces parecían más carga que don, como sugiere otro de los sobrenombres por el que se conoce a Polunin, "el James Dean del ballet". Con esa capacidad para expresarse a través del movimiento, es posible augurar con bastante seguridad que Dancer no será la última vez que veamos a Sergei Polunin en pantalla.