El matrimonio no es cosa fácil y aquí, en el SFG, pensamos que es importante celebrar cada uno de los buenos momentos, sin que importe lo pequeños que sean. Para la pareja en esta historia de ficción, es un momento de verdadera celebración - el 50 aniversario de su boda -, y lo hacen con una cena por todo lo alto. Cuando se llevan los platos, no obstante, es cuando ocurre lo verdaderamente genial. Lean esta historia corta de ficción, y asegúrense de contarnos lo que les pareció en la sección de los comentarios. 

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Una pareja está celebrando el 50 aniversario de su boda en un lujoso restaurante del centro. No escatiman los gastos a la hora de regalarse una extravagante comida y, después de que se llevaran los platos del postre y estuvieran acabándose los restos de las bebidas de después de la cena, el marido toma una de las manos de su esposa en las suyas.

“Querida”, dice él con los ojos brillantes por la emoción, “Sé que hablar no es lo mío, así que he preparado una pequeña sorpresa para esta noche. ¿Te importaría que te lea lo que he escrito para ti?”.

Aunque la petición de su marido la pilla desprevenida, asiente y le pide que continúe. Él aclara su garganta y toma un pedazo de papel de su bolsillo con manos temblorosas.

“Estos 50 años no siempre han sido fáciles para nosotros y, ciertamente, hemos tenido tanto momentos buenos como malos.

Recuerdo cómo me sentaba detrás de ti en la clase de inglés en el instituto. Cuando te diste la vuelta y me pediste prestado un lápiz aquel primer día, apenas fui capaz de encontrar uno en mi bolsa por todo lo que me gustabas. Estoy seguro de que mis manos temblaban cuando te lo di, pero tú ni siquiera lo mencionaste.

Aunque no tuve el valor de pedirte salir hasta el último año, no cabía en mi de gozo cuando dijiste que sí. El baile de graduación no pudo haber sido mejor. Muchas gracias por aceptar venir conmigo, a pesar de que no me atreviese a acercarme a ti antes de eso. Siempre me inunda el cariño cuando miro la foto que nos hicimos al pie de las escaleras. Puede que yo no estuviera sonriendo en ella, pero espero que sepas que me sentía como en la luna. 

Los años que vinieron después no fueron los más fáciles, trabajando y con los niños e intentando llegar a fin de mes. La única cosa que me hizo capaz de sobrellevar esos largos turnos y el horrible camino hasta el trabajo era saber que tú y los niños estaríais en casa, esperándome. Puede que haya sido un desastre, pero siempre sentí que tú estabas a mi lado, apoyándome. Lamento si no te lo he dicho antes, pero tú eres la roca que me sostiene.

Resumiendo, mi maravillosa esposa, no cambiaría estos últimos 50 años por nada del mundo. Creo que soy el hombre más afortunado del mundo".

Mientras dobla el discurso y lo pone de nuevo en su bolsillo, ella se apresura a decir, "No sé cómo podría responder a esto. Eso fue hermoso, querido. Supongo que no podría estar más de acuerdo".

Sus ojos se iluminaron, "¿Lo estás?".

“Sí, por supuesto que lo estoy. Yo también creo que eres el hombre más afortunado del mundo".